DBA: MÁS BRUTA QUE ACHORADA
- La única respuesta posible es una buena gestión
edil.
La columna que publiqué la semana pasada sobre los promotores de la
revocatoria de la alcaldesa Susana Villarán produjo chillidos y pataletas en
quienes se sintieron aludidos.
Para agrupar a los promotores de la revocatoria, recurrí a lo que Juan
Carlos Tafur llamó la ‘derecha bruta y achorada (DBA). Sin siquiera haber sido
mencionados, algunos se sintieron aludidos y, creyéndose ampayados,
protestaron, con lo cual demostraron ser más brutos que achorados.
Es obvio que no está en duda que la revocatoria es un derecho ciudadano
legal. El abogado Julio César Castiglioni indica que este procedimiento tiene el
problema de no requerir probanza del sustento, por lo que se ha convertido en
medio de vendetta y revanchismo. Pero mientras eso no cambie, es un recurso
legítimo que puede ser apoyado por gente descontenta con la gestión de una
autoridad.
Esto no impide reconocer, sin embargo, que sus promotores sean parte de esa
DBA picona por no dar pie con bola en las últimas elecciones, por sentirse
desplazada del escenario político, y por temor a que sus mecenas pierdan
interés en seguirlos financiando. Es decir, gente que usa un fin legal con una
motivación subalterna.
Tampoco se debe concluir –como quieren algunos voceros de la DBA que buscan
cubrirse en el tumulto– que todas las personas de derecha sean brutas y
achoradas. Al contrario, ahí hay, como en la izquierda, el centro, la derecha
y, en general, a lo largo y ancho de todo el espectro político, gente buena,
valiosa y honesta; y gente bruta, achorada y corrupta.
Por ejemplo, pensando estrictamente en la derecha, por ahí andan personas
dignas que se guían por principios, como lo ha demostrado en estos días el
regidor Pablo Secada; y, también, claro, los de la DBA.
En resumen: es legítimo discrepar de la gestión de Villarán e, incluso, por
eso, querer mandarla a su casa.
Pero esto no es contradictorio con advertir la motivación subalterna de
quienes, como ocurre en muchas regiones del interior del país, han querido
bajársela desde el primer día por razones que nada tienen que ver con la mejora
de la ciudad sino con sus fines particulares, tanto de los que ponen la cara en
el colectivo revocador como de sus cómplices intelectuales y financistas
ocultos tras un biombo light pues de lejos se ve quiénes son.
Eso, sin embargo, no impide reconocer y señalar, como escribí en mi columna
de la semana pasada, que la gestión de Villarán tiene muchas deficiencias que,
en lugar de irse corrigiendo, se están agravando por un desorden interno que es
creciente.
La única respuesta posible para las serias amenazas internas y externas que
hoy enfrenta el municipio de Lima es, con urgencia, buena gestión, orden,
objetivos claros y liderazgo.
La República - 06 de enero de
2012

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